Voy a empezar por decir algo que puede generar controversia y alborotar las mentes y espiritus de más de uno: Todo gay en esencia es un mentiroso.
Primero nos mentimos a nosotros mismos e intentamos vidas que no se correspondían a nuestra profunda verdad. Luego, una vez realizada la profunda y perturbadora mirada interior, aprendemos a mentir con la mayor naturalidad a nuestros padres, familia y amigos, intentando ocultar la vergüenza de una verdad desaptada y condenada. Algunos montamos parapetos de amigas "novialmente potenciales" nos buscamos un par de amigas lesbianas que salgan con nosotros para tranquilizar la psique de nuestros padres, y en el peor de los casos le mentimos a aquel hombre q ardientemente amamos, pero al que nunca nos atrevimos a decir la verdad y nos buceamos los culos juntos, yo el de él, él el de ellas.
Y así siguen las mentiras; en el trabajo nadie puede enterarse, los vecinos, algunas amistades recién adquiridas, el proveedor, la cajera del mercado, la señora viuda de la esquina y a nosotros mismos, otra vez, al pretender que nadie se da cuenta, pasamos desapercibidos, y somos todos unos machos metiendo el paro bajo una máscara de retrosexuales.
¿Hasta dónde llega la mentira?
Primero nos mentimos a nosotros mismos e intentamos vidas que no se correspondían a nuestra profunda verdad. Luego, una vez realizada la profunda y perturbadora mirada interior, aprendemos a mentir con la mayor naturalidad a nuestros padres, familia y amigos, intentando ocultar la vergüenza de una verdad desaptada y condenada. Algunos montamos parapetos de amigas "novialmente potenciales" nos buscamos un par de amigas lesbianas que salgan con nosotros para tranquilizar la psique de nuestros padres, y en el peor de los casos le mentimos a aquel hombre q ardientemente amamos, pero al que nunca nos atrevimos a decir la verdad y nos buceamos los culos juntos, yo el de él, él el de ellas.
Y así siguen las mentiras; en el trabajo nadie puede enterarse, los vecinos, algunas amistades recién adquiridas, el proveedor, la cajera del mercado, la señora viuda de la esquina y a nosotros mismos, otra vez, al pretender que nadie se da cuenta, pasamos desapercibidos, y somos todos unos machos metiendo el paro bajo una máscara de retrosexuales.
¿Hasta dónde llega la mentira?
Entonces, desde nuestra temprana adolescencia aprendemos y, quizás la peor parte de esta reflexión, nos acostumbramos a mentir. Y es adictiva, inconsciente y automática, ante toda pregunta analizamos el contenido para ver si podemos responder con la verdad, medimos el impacto, dividimos reacción entre daño y el resultado es una verdad a medias q rara vez es absoluta. Nos acostumbramos a mentir a nuestras parejas, novios, padres y seres queridos... Y con una naturalidad pasmosa; quizás por eso grandes actores y dramaturgos son gays: vivimos una vida muchas veces fantástica y acomodaticia.
No busco con este artículo justificar las mentiras que he vivido o dicho, quizás lo escribo para ti JI, para que entiendas lo que te pasa y nos pasó, quizás a ti mi pelucho si llego a meter la patota de nuevo, pero es que la adrenalina de la ansiedad cuando fabricamos una mentira parece ya un vicio.
Por otro lado, queda por determinar si el mundo esta listo para nosotros y nuestra verdad.
Por ahi alguien osó decirme que la verdad libera, pero a muchos de nosotros nos ha condenado, incluso a muerte.
No busco con este artículo justificar las mentiras que he vivido o dicho, quizás lo escribo para ti JI, para que entiendas lo que te pasa y nos pasó, quizás a ti mi pelucho si llego a meter la patota de nuevo, pero es que la adrenalina de la ansiedad cuando fabricamos una mentira parece ya un vicio.
Por otro lado, queda por determinar si el mundo esta listo para nosotros y nuestra verdad.
Por ahi alguien osó decirme que la verdad libera, pero a muchos de nosotros nos ha condenado, incluso a muerte.
1 comentario:
¡Será por aquello de que la verdad no nos duele cuando la buscamos sino cuando tratamos de huir de ella? Interesante punto de vista, interesantrs tus reflexiones.
saludos
Publicar un comentario