Estoy resuelto a convertirme en un venezolano de mierda más. ¿Coño a quién carajos se le ocurrió en no sé que siglo esta maldición sexista llamada caballerosidad?
Tengo fiebre desde hace dos días, estoy camino al trabajo sostenido por atameles de 600 mg y todavía la vieja bruja esa se me para justo al lado esperando que le ceda el puesto en el autobús. Pues lo siento, no pienso pararme a darle nada, el problema es como hacerle entender a la viejita que también estoy jodido, ¿cómo me guindo un cartel diciendo que me siento mal?
La liberación sexual de la segunda mitad del siglo pasado nos jodió la vida a los hombres, ellas pretendieron quedarse con todo, con los espacios propios del hombre, más todos los derechos y preferencias que la caballerosidad, te quito el asiento, te quito el paso en la calle y también el puesto de trabajo, los buenos sueldos y el poder.
Hoy estoy bravo con el mundo porque se volvió inhóspito para aquellos q cargamos los genitales por fuera. O por lo menos para los más mayorcitos porque no he visto al primer veinteañero entregar su puesto. Tienen una habilidad pasmosa para hacerse los dormidos ante la miseria humana y las viejitas mendigantes de comodidad. Será por eso que ellas recurren a nosotros, los que tenemos cara de buena gente. Por eso me haré también el pendejo, me convertiré en receptor pasivo de sus malas vibras y el problema está en que la consciencia no me deja.
Trato de hacerme el guevón enterrando la cabeza en el celu mientras escribo este blog y la mirada suspirante de aquella señora cincuentona me atosiga.
No me resigno a pasar el tiempo que me queda de vida, sin carro, parado, guindando de un tubo.
Si les digo algo a todas las "señoras" del mundo y sus jóvenes cogéneres, las cosas están cambiando y la ciudad cada día es menos condescendiente con los débiles de cuerpo y/o espíritu. Un metro desbordado de almas, donde ni un alma incorpórea tiene espacio, donde la respiración se hace dificultosa, no es lugar para los débiles.
Me aterroriza pensar que algún día llegaré a viejo andando en este metro, en esta ciudad y terminar como aquel viejito de hace dos meses en el andén de chacaito: inconsciente, arrojado en el andén, sangrando y pisado por las masas de gente que en medio del desespero no lograron esquivarlo.
Lo siento mucho doñita, pero mis várices también joden.
Una muchacha comenta: "ya no hay caballeros" y yo respondo: "yo no veo damas... Estamos iguales". Si quieren caballeros como los de antes, entonces requerimos de damas como las de antes. Dejen el metro pa' los machos que trabajamos y dejen de competir en igualdad, porque si todos tenemos derecho a ganar, entonces también tenemos el mismo deber de perder.
sábado, julio 12, 2008
viernes, julio 11, 2008
Me llamo Gerardo y soy adicto al amor
Amanecí con una claridad diáfana acerca de lo que me pasa, pero sobretodo con la certeza de la causa de esta insoportable tristeza. Y es que soy adicto.
Tratando de mirar las cosas desde un alta y exógena perspectiva, el ultimo gran vicio será el amor.
Ya no bebo alcohol, dejé el cigarro y ya no bebo, fumo o inhalo nada que pueda dañar considerablemente ni mi hígado ni mis neuronas. Me quedan los carbohidratos, el cafe mañanero pero creo q sobre todo, me queda la adicción al amor.
Este cuento de la soledad se ha vuelto una obsesión mal sana que me aleja de mi centro. Cientos de hombres, contactos de messenger, horas de chat y mensajitos de texto, sólo han contribuido a acelerar el motor que tiene paralizado a mi corazón pegado a las paredes de una cámara centrífuga sin poder ya ni mover brazos y piernas, ni palpitar.
El principal problema radica en que esa centrífuga, igual que una montaña rusa o aquella "bailarina" mecánica de los parques de diversiones, excita mis neurotrasmisores y creo q mis neuronas del amor han dejado de vivir o funcionar sin ellos.
Ayer, y en particular anoche, tuve algo muy conocido, algo a lo que ya he estado familiarizado y era más que tristeza una crisis de ansiedad ocasionada por la abstinencia.
Espero poder aguantar lo suficiente como para liberarme de este mal vicio del amor. Aprender a andar sólo, no mecesitar al otro, amarme a mi mismo y dejar de buscar en cada mal polvo un mendrugo de cariño.
Nací sólo y creo que mi madre tenía razón al decir que esta mariconada de vida condena a la soledad.
Necesito este tiempo de soledad y masturbación para parar esta carrera por el sexo. No me siento ni feliz ni satisfecho y cada acostada me deja más vacío y con ganas de más. Cada pase de amor me lleva al otro y estoy llegando al punto del periquero mayor que ya no sabe vivir si no es con un pitillo enterrado hasta la base del cráneo.
Justo ahorita un osito precioso se montó al autobús ummm y ahora a mirar pa otro lado, aprender a ni verlo, a huirle... A encerrarme en mi burbuja, a no ver para los lados, a concentrarme en mi trabajo, y sobretodo a llegar a mi solitaria jaula de oro morillezca y ser feliz. O por lo menos tener paz.
Tratando de mirar las cosas desde un alta y exógena perspectiva, el ultimo gran vicio será el amor.
Ya no bebo alcohol, dejé el cigarro y ya no bebo, fumo o inhalo nada que pueda dañar considerablemente ni mi hígado ni mis neuronas. Me quedan los carbohidratos, el cafe mañanero pero creo q sobre todo, me queda la adicción al amor.
Este cuento de la soledad se ha vuelto una obsesión mal sana que me aleja de mi centro. Cientos de hombres, contactos de messenger, horas de chat y mensajitos de texto, sólo han contribuido a acelerar el motor que tiene paralizado a mi corazón pegado a las paredes de una cámara centrífuga sin poder ya ni mover brazos y piernas, ni palpitar.
El principal problema radica en que esa centrífuga, igual que una montaña rusa o aquella "bailarina" mecánica de los parques de diversiones, excita mis neurotrasmisores y creo q mis neuronas del amor han dejado de vivir o funcionar sin ellos.
Ayer, y en particular anoche, tuve algo muy conocido, algo a lo que ya he estado familiarizado y era más que tristeza una crisis de ansiedad ocasionada por la abstinencia.
Espero poder aguantar lo suficiente como para liberarme de este mal vicio del amor. Aprender a andar sólo, no mecesitar al otro, amarme a mi mismo y dejar de buscar en cada mal polvo un mendrugo de cariño.
Nací sólo y creo que mi madre tenía razón al decir que esta mariconada de vida condena a la soledad.
Necesito este tiempo de soledad y masturbación para parar esta carrera por el sexo. No me siento ni feliz ni satisfecho y cada acostada me deja más vacío y con ganas de más. Cada pase de amor me lleva al otro y estoy llegando al punto del periquero mayor que ya no sabe vivir si no es con un pitillo enterrado hasta la base del cráneo.
Justo ahorita un osito precioso se montó al autobús ummm y ahora a mirar pa otro lado, aprender a ni verlo, a huirle... A encerrarme en mi burbuja, a no ver para los lados, a concentrarme en mi trabajo, y sobretodo a llegar a mi solitaria jaula de oro morillezca y ser feliz. O por lo menos tener paz.
miércoles, julio 09, 2008
Estoy triste... Una vez más
Tengo ganas de llorar y a la final nada. Ya me sequé. Tengo la represa
construida, el alma sedienta de llanto, de drama, de desahogo, pero
estoy seco. Ni una gota que sacie la necesidad de drenar esta
tristeza. Quizás me acostumbré a esta perenne tristeza sobre mi. A
estar tan cerca de ella que ni la extraño, ni la siento, sólo sé que
está.
No es el trabajo, ni la soledad, mucho menos el desamor o los
embarques, sino la falta de tiempo para el ocio, la falta de compañía,
el odio gratis y la falta de seriedad de la gente.
Sé que saldré(mos) adelante. Las bajas previas y posteriores a las
altas, este bendito fluir. Si el universo es easencialmente energía y
esta se disipa en ondas, entonces vivir no es mas que fluir en ondas
desde el momento en que impactamos la superficie del planeta como una
piedra que cae sobre el agua, hasta que ya no nos queda fuerza para
hacer olas en la orilla del nirvana.
Disculpen (y aun no sé por qué las pido) si este post no los alegra,
pero aun busco una excusa para mantener este ritmo de vida.
construida, el alma sedienta de llanto, de drama, de desahogo, pero
estoy seco. Ni una gota que sacie la necesidad de drenar esta
tristeza. Quizás me acostumbré a esta perenne tristeza sobre mi. A
estar tan cerca de ella que ni la extraño, ni la siento, sólo sé que
está.
No es el trabajo, ni la soledad, mucho menos el desamor o los
embarques, sino la falta de tiempo para el ocio, la falta de compañía,
el odio gratis y la falta de seriedad de la gente.
Sé que saldré(mos) adelante. Las bajas previas y posteriores a las
altas, este bendito fluir. Si el universo es easencialmente energía y
esta se disipa en ondas, entonces vivir no es mas que fluir en ondas
desde el momento en que impactamos la superficie del planeta como una
piedra que cae sobre el agua, hasta que ya no nos queda fuerza para
hacer olas en la orilla del nirvana.
Disculpen (y aun no sé por qué las pido) si este post no los alegra,
pero aun busco una excusa para mantener este ritmo de vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
