Nada que crezca lejos del alcance de la luz está destinado a crecer en armonía. En el centro de la oscuridad se vanaglorian los odios, se alimentan los miedos y engorda feliz la infelicidad.
Vivir en el closet es como el árbol que crece en el sitio equivocado y que tiene dos opciones, replantarse o morir. Un árbol dentro de un closet crece con las hojas de las ideas pálidas, las ramas para abrazar deformes, y las raíces para aferrarse al miedo profundas y gruesas desplazando la tierra con raicillas hambrientas y enmarañadas por el reducido espacio con que cuentan para crecer y que tarde o temprano terminarán rompiendo todo a su alrededor, la acera, la pared, las puertas del closet, las relaciones familiares, la felicidad, el amor.
Cuando un árbol nace en un sitio equivocado, procuramos desenterrarlo, algunas raíces que insisten en aferrarse a personas y miedos deberán cortarse con dolor y la savia brotará a borbotones hasta que se solidifique en un ámbar sanador.
Por un tiempo este árbol sin tierra ni suelo se puede sentir desvalido, estará sensible a todo lo que pase en el aire, sus raíces ávidas de apego no tendrán de donde nutrirse y se marchitará cada vez más rápido a menos que entre todos los que habitamos en la luz lo enterremos de nuevo.
Pero esta nueva tierra tiene que ser amplia, abierta y a la luz, donde sus hojas puedan hacer la fotosíntesis de las ideas, sus ramas puedan expandirse hasta lograr tocar al árbol de al lado y sus raíces puedan expandirse sanas en una tierra fértil y aferrarse a un suelo que lo nutra y le de la fuerza para enfrentar a las tormentas y los ojos de odio de los leñadores que aferrados a su fé creen que destruyendo la obra de Dios@ hacen la obra de Dios@.
Cada día me sale una hoja verdecita y brillante nueva y lista a absorber la luz de nuevas ideas, una rama nueva logra tocar a otro árbol y poliniza mi vida familiar, y el bosque que me rodea crece lento pero sano y firme ante la ventisca. Y mis raíces aunque aún tímidas y a veces lentas, no dejan de aferrarse a esta nueva vida que sí logra nutrirme y darme lo que necesito para que por mí fluya la savia de la felicidad.
Lamentablemente cada día podemos ver como miles de árboles no logran soltar sus raíces para buscar nuevos terrenos, los activistas dispuestos a dar pico y pala para ayudar a los otros son cada día más, pero siguen siendo insuficientes, y mientras, seguimos viendo noticias de hermosos árboles jóvenes que en vez de crecer y dar frutos, se marchitan y mueren, porque del odio y la intolerancia nadie se puede nutrir.
Nada dentro del closet crece, bueno, sí, los hongos y las polillas que devoran y destruyen todo lo que está dentro.
Salir del Closet es desarraigarse. Es cortar las raíces que te impiden salir del pozo oscuro que se nutre de tus emociones más negativas. Nadie dice que sea fácil o indoloro y con cada día que pasa es más difícil.
Salir del closet es mucho más que decir al mundo que eres gay o lesbiana o bisexual o transexual o lo que sea que el universo ha decidido para tí como tu vida.
Salir del closet es asumir con orgullo, enteresa y aceptación la misión que hemos venido a cumplir en esta tierra: Amar al prójimo en las condiciones más amplias posibles, irradiando luz a esos rincones oscuros, donde las pesadillas hacen sus orgías.
Salir del closet es amarte a tí mismo a pesar de que muchos digan lo contrario, es amar al otro a pesar de que algunos te miren torcido y es amar a todos aceptando que hay que luchar para alcanzar las cosas más hermosas de la vida.

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