Por fin alcanzaron el poder. Décadas de lucha y discursos populistas los pusieron donde querían estar para hacer el cambio más importante en la historia de la humanidad y... fracasaron.
¡¿Pero qué pasó?!
Lo primero
es la desconexión con el pueblo. ¿Se acuerdan cuándo estos tipos andaban en
autobús? ¿Y cuándo caminaban por los mercados populares haciendo campaña? ¿O cuándo
eran vecinos de alguien conocido y vivían en un apartamento chiquitico en una
urbanización clase media a media-baja? De ellos no queda nada. Ahora viven en
urbanizaciones exclusivas con choferes, carros blindados, relojes de oro,
escoltas, trajes de Chanel para las esposas, Zegna para los caballeros. Se
desconectaron del pueblo y ya no pasan hambre, ya no viven humildemente, se les
olvidó la porquería que es el transporte público y la miseria de la
cotidianidad del ciudadano de a pie, quizás por esa maravillosa herramienta de
supervivencia humana que nos hace olvidar lo malo del pasado.
Lucha
contra la corrupción fallida. Quizás la principal razón por la que la izquierda
gana en el continente. Nuestros países estaban hartos de ser los más corruptos
del planeta y esto no mejoró. PERO PARA NADA. Incluso podría decirse que
empeoró. Escándalos como el de Carlos Andrés Pérez en Venezuela allá por los 90’s
se ven una vez más en el caso de Dilma. Es como cuando Hollywood hace un remake
de una película vieja. Detalles más, detalles menos, el guion es el mismo. La
corrupción en nuestros países son la principal molestia y como una hydra
cortamos una cabeza de gobierno y aparecen dos cabezas más corruptas. Creo firmemente
que la importación de modelos legales nos arruinó la vida a los latinos y que
nos urge revisar nuestros sistemas legales y comerciales para que se adapten a
nuestra latinidad. Incluso a nuestro clima. A quien se le ocurre vestir de flux
y corbata a 35° a la sombra y pretender reducir el consumo eléctrico…
La promesa
de independencia económica falló. Catastrófica y rotundamente. ¡Hablamos pestes
de los gringos! del dominio que tienen sobre nuestra economía, de como esos
dólares son la espada de Damocles de nuestro pueblo, blah blah blah. Somos,
como continentes, aún más dependientes de ellos con esta izquierda. En
Venezuela la destrucción sistemática de lo poco que se producía aquí nos hace
dependientes de todos los que nos rodean. En Colombia no pueden solos contra su
problema de los narcos y acuden a la DEA para poder consolidar (¿la lucha
contra?) el narcotráfico. Mencione un producto del continente en el área
tecnológica que pueda competir con Sony, Samsung o Apple. ¿Qué científico
latinoamericano en un laboratorio latinoamericano ha desarrollado algo latinoamericano
que haya cambiado el mundo? Somos más dependientes que nunca en el consumo y
desarrollo de tecnología.
Eliminación
de los ricos. Ciertamente eliminaron a los ricos y a la oligarquía para
instaurar a una neoburguesía que es más o menos lo mismo, pero sin los
abolengos y definitivamente sin el buen gusto, ni el orgullo, solo con los
reales y el poder. Ojo y la eliminación es muy relativa, solo la desplazamos a
nuevas latitudes o con nuevos testaferros. Los que genuinamente huyeron de la izquierda
dejaron un vacío que nadie ha sabido llenar, sobre todo en el que ya era un
deficiente y mocho aparato productivo.
Mejora de la
calidad de vida de los pobres. ¿Cuál mejora? He leído como gran argumento de
los roussefistas que Dilma y Lula sacaron a 50 millones de brasileños de la
pobreza… y yo sigo viendo las favelas en las fotos… No se ha eliminado la
pobreza, lo que sí se ha eliminado es a la clase media, porque los ricos ya nos
queda claro que siguen ahí, con caras nuevas, pero ahí. Nosotros, la clase
media, que estudiaba y con el producto de su trabajo se compraba un carro, un
apartamento, y viajaba. Nosotros que podíamos vivir al margen de la corrupción
y la ilegalidad y llevar una vida decente y aun así comer tranquilos lo que
quisiéramos o pasear a donde nos diera la gana. Aquellos que con deseos de
superación y fuerza de voluntad podíamos superar a nuestros padres y mejorar
nuestra calidad de vida. A los que podíamos planificar a futuro una vida
decente y honesta. Nos exterminaron.
La izquierda ha efectuado una
clase-media-cidio. Quizás porque al venir de sectores menos privilegiados pero
cercanos a la clase media éramos el blanco más cercano y fácil. Este proceso de
aplanamiento social hacia abajo, en el que al que trabaja 8 horas diarias 6
días a la semana se le obliga a mendigar una bolsa de comida o a hacer una cola
de dos horas para un tubo de pasta de dientes, no es un sistema justo en el que
se recompensen los valores tradicionales del trabajo arduo, la honestidad, el
respeto del prójimo ni nada de eso. Nos acorralan a vivir al margen de la
legalidad traficando latas de leche infantil como si fuera cocaína o café como
si fuera crack.
Marx (Sí,
Marx, el mismo que escribió el capital, el librito ese que por lo visto la
izquierda no se ha leído bien) insistía en el valor del trabajo como capital.
El hombre lo único que de verdad tiene en esta vida es su capacidad para
producir, para formar parte del aparato productivo con sus talentos y
habilidades. El día que le quitamos valor a nuestro trabajo, nos lo quitan
todo, nuestra dignidad y nuestra humanidad. Ya comenzamos a linchar ladrones
como si fuéramos manadas de carroñeros enfurecidos. Parecemos zamuros
batallando por un paquete de toallas sanitarias. No nos bañamos todos los días
porque no hay agua, ni productos de aseo personal. Nos están reduciendo a
nuestros instintos más básicos.
Para mí, la
lucha ya deja de ser por el respaldo de un sistema u otro, es por simple
rescate de mi humanidad.




